Una crisis no anunciada: la del transporte marítimo.

Se ha denominado como una de las mayores crisis desde que se comenzaron a usar contenedores para transportar mercancías poco después del fin de la segunda guerra mundial, y es que el costo de la importación de productos, principalmente desde China al resto del mundo, se ha disparado de una manera que nadie se imaginó: en algunos casos se ha incrementado desde dos y hasta diez veces su valor.

Detrás de esta situación sin precedentes causada por la inflación en el valor de los fletes marítimos está la llamada «crisis de los contenedores», una insólita escasez de espacio en los buques cargueros para transportar productos desde Asia con destino a occidente. Y es que al descender la incertidumbre con respecto al futuro del comercio post COVID-19, la demanda de transporte mercantil marítimo resurgió en muchas partes del mundo. Sin embargo la industria no se encontraba preparada para responder a esta abrupta reactivación. 

Recordemos que cerca del ochenta por ciento de los bienes que el mundo consume se transportan por vía marítima. Esta cifra nos permite dimensionar el tamaño de la situación, que en conjunto con los atascos existentes en los mayores puertos internacionales y los cierres temporales de algunas terminales, han creado la tormenta perfecta para esta industria.

Se prevé que la demanda aumente a medida que nos acerquemos a las festividades de fin de año, anticipando dificultades mayores como consecuencia de la cadena de logística saturada: al no haber suficientes barcos, no hay suficientes contenedores y por ende existirán retrasos en los puertos, tanto para entrar como para salir.

La crisis del transporte marítimo genera efectos que se extienden al resto de la economía, pues al existir costos elevados de logística, en algún momento alguien tendrá que pagar por ellos, dejando a los consumidores finales frente a precios inflados o empresas imposibilitadas de elevar sus costos expuestas a una situación crítica.

La mayor parte de los importadores están trabajando de manera estratégica para realizar sus compras y envíos programados para fin de año en este momento, tratando así de evitar el panorama de los meses venideros. 

Uno de los mayores desafíos que enfrenta la industria es el de tomar decisiones comerciales estratégicas aún desconociendo el panorama que depara, con respecto al COVID-19 y sus variantes, en los meses restantes al 2021 y cómo éste afectará el comercio marítimo.